domingo, 25 de enero de 2009

VISITA A TENERIFE






Con la intención de ver algo de lo que se cría en la lsla vecina, saludar a algunos amigos y comprobar el estado actual de lo que se ha dado en llamar “dogo canario”, se desplazó una comitiva del Club a la Isla de Tenerife. El diligente Jose se encargó de la logística para agrupar a los perreros en un solo microbus, capaz de aglutinar a cuantos curiosos se trasladaron a la Isla del padre Teide.
Ya en el muelle de Agaete pudimos coincidir con algunos dogueros que subieron al barco con sus animales para asistir a la monográfica anual. Si bien es cierto que no eran tantos como otros años, algunos perros desfilaron por la rampa de acceso al Catamarán. Tras los educados saludos de rigor se emprendió un viaje algo agitado como consecuencia del estado del mar, lo que hizo que el grupo llegase algo revuelto a las playas de Añaza.
Un ligero desayuno en el marinero barrio de San Andrés y nos dirigimos al pabellón polideportivo donde se congregaban los doguitos para celebrar su exposición monográfica. La afluencia de perros se nos antojó algo escasa en comparación con otras anteriores y floja de perros punteros. Los pocos perros que despuntaban algo dormitaban tan ricamente que ni en levantarse de sus echaderos se molestaban. Otros permanecían ocultos en sus transportines y obserbaban con desconfianza desde el fondo de sus cajones. En los rings mucho perro con problemas de movimiento, unos ligeros de estructura, otros de andares pesados, muchos cortos de extremidades y de carácter bastante apáticos en su mayoria. Ninguna sorpresa, aunque algún ejemplar guardaba las apariencias. Tras un breve recorrido por el espacio acotado y algunos saludos a conocidos perreros tinerfeños y grancanarios atraídos por el acto, quedó todo más que visto, dirigiéndonos a nuestro siguiente destino.
Cerca del mediodía llegamos al Ortigal Alto, donde se ubican las perreras de Manuel Curtó a quien interrumpimos su jornada hípica en compañía de un nutrido grupo de entusiastas del caballo. Manuel nos mostró amablemente sus perros, comentando diversos aspectos sobre ascendencias y características de los ejemplares. Repasamos antiguos y recientes acontecimientos y hablamos largo y tendido de canes y équidos (aficiones que comparten muchos de los perreros desplazados a Tenerife) durante algunas horas y allá que nos pareció nos encaminamos hacia el Grill donde repondríamos fuerzas y comentaríamos las incidencias del viaje.
Tras localizar Ismael unos pájaros canarios, cuya adquisición había comprometido anteriormente, enfilamos el descenso para llegar al embarque en el Puerto de Santa Cruz.
También volvimos a coincidir con algunos dogueros en el viaje de regreso y recordamos los aspectos más llamativos de lo visto durante el día. Con la salvedad hecha de los perros de Curtó y alguna honrosa excepción, la conclusión generalizada era coincidente: lo mejor del trayecto fue la parada en el Grill Rodizio para saborear las sartas de carne atravesadas por espadas y hechas a la parrilla al estilo brasileño.

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